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Julio Rodríguez Lago
Miércoles, 24 Agosto 2005

 ¿ Necesita León más centrales hidroeléctricas ? 

Por D. Julio RODRIGUEZ LAGO
Doctor en Ciencias Económicas y Profesor Titular de la Universidad de León

Desde comienzos de 1997 es conocido que diferentes empresas generadoras de electricidad han solicitado a las Confederaciones Hidrográficas del Norte y del Duero más de cien permisos para instalar minicentrales hidroeléctricas en diferentes ríos de la montaña leonesa, pese a ser ya muy numerosos los aprovechamientos hidráulicos que soporta la red fluvial de León en materia de construcción de embalses.

No cabe duda que tan elevado número de solicitudes invita a reflexionar sobre la utilidad y conveniencia de semejantes proyectos para la economía provincial, máxime cuando la ubicación de este tipo de instalaciones se realiza en espacios geográficos de reconocido valor natural y paisajístico. Por este motivo resulta necesario informar sobre aspectos que pueden servir para pronunciarse a favor o en contra de tales iniciativas.

Basta ya de agresiones

De entrada, y como demuestran los datos facilitados por el Ministerio de Industria y Energía (MINER), sería necesario advertir que León se autoabastece sobradamente de electricidad, llegando a exportar a otras regiones del país más del 80% de los kilowatios que actualmente produce. En este sentido, reiterar en la puesta en marcha de proyectos generadores de energía eléctrica no reviste, en principio, de mayor interés, pues sin riesgo a equívoco la producción lograda serviría para satisfacer el consumo eléctrico de otras provincias españolas.

Con relación a este último aspecto, he podido comprobar el fuerte deterioro natural y paisajístico que llegan a sufrir los espacios receptores de minicentrales. A quién dude de esta realidad le invitaría a conocer, por poner un ejemplo, el canal y el sistema de tubos que suministra el agua a la central hidroeléctrica de Rioscuro, pequeña población lacianiega asentada en las proximidades de Villablino.

Estas graves alteraciones ambientales, existentes en otros territorios emblemáticos de la montaña de León, caso de Sajambre, Valdeón o El Bierzo, cuestionan seriamente la utilidad de esta clase de proyectos para la economía leonesa, pues queda demostrado que en nada contribuyen a mejorar el bienestar de la misma. Seamos serios. En este momento, proliferar en la construcción de más minicentrales hidroeléctricas sólo trae consigo sacrificios estériles del ya castigado medio ambiente leonés, no siendo inversiones de esta naturaleza las que contribuyen a fortalecer el débil pulso de la actividad económica provincial. Quién discrepe debería demostrar los supuestos beneficios de las minicentrales para León, máxime cuando su ejecución atenta de manera directa contra la promoción turística de nuestra naturaleza.

A este respecto, aconsejaría la lectura del excelente artículo publicado en el Diario de León el 11 de febrero de 1997 por el profesor Purroy, catedrático de Biología Animal de la Universidad de León, donde de manera técnica y detallada explica los perjuicios de autorizar más minicentrales para el medio natural de la provincia. Sin riesgo a equívoco, se puede afirmar que cualquier iniciativa de turismo rural, por modesta que sea, reporta más provechos para un espacio de montaña que la construcción de una central hidroeléctrica. Buena prueba de ello son las aperturas de albergues, campings y casas rurales que se anuncian de verano a verano. He tenido la oportunidad de conocer recientes proyectos empresariales de estas características inaugurados en las comarcas de Babia y Luna y es por ahí, aprovechando de manera inteligente y racional los encantos de la naturaleza, donde estas zonas pueden encontrar expectativas serias de futuro. Mayúsculo error sería sacrificar más cauces de ríos para la generación de kilowatios. Sin embargo, y a mi modesto entender, lo más grave de este asunto es la hipocresía y cinismo con que puede llegar a actuar la Administración en esta materia, sobretodo cuando inicia una supuesta campaña ecologista de protección de espacios naturales y poco más tarde concede autorización para el desarrollo de actividades productivas que atentan directamente contra la integridad de los mismos. Ejemplo muy cercano en el tiempo es el reciente permiso que la Confederación Hidrográfica del Norte (CHN) ha concedido a Endesa para instalar una central hidroeléctrica en la localidad de Sosas de Laciana. El despropósito de esta decisión es claro por ser el lugar elegido una zona de salvaguarda del oso pardo, especie animal que se encuentra en peligro de extinción.

Resulta inconcebible la pasividad de la Diputación provincial o la indiferencia de la Junta de Castilla y León por ser el organismo que ha declarado, desde 1990, ese espacio territorio protegido, no siendo menos desconcertante el silencio mantenido al respecto por el propio Ministerio de Medio Ambiente. La normativa que declara área protegida el entorno del río Sosas (Decreto 108/1990, de 21 de junio) pone serias objeciones a la concesión de este tipo de aprovechamientos hidroeléctricos, quedando fuera de toda duda que el acuerdo adoptado es contrario al fin protector de la ley. Es lamentable una actuación como la descrita, pues se engaña a la opinión pública haciéndola creer que desde las instituciones políticas se fomenta la conservación del medio natural.

La única beneficiaria real de este proyecto sería Endesa, compañía que busca en el agua una materia prima gratuita para obtener electricidad. Sobre esta cuestión considérese que esta empresa privada, que ya ha realizado un exhaustivo aprovechamiento hidráulico del río Sil, contabiliza beneficios anuales consolidados superiores a los 150.000 millones de pesetas, ofreciendo a sus accionistas rentabilidades que se encuentran entre las más altas del escenario económico español. Esta realidad tendría que ser suficiente para hacer recapacitar a los promotores de este proyecto energético. Basándose en estos datos, juzgue el lector de este artículo si es admisible consentir un nuevo destrozo de ríos y bosques autorizando un proyecto que no favorece nuestro progreso. Quizás convenga recordar que los valles de la montaña leonesa ya han realizado suficiente aportación al desarrollo económico del país.

En consecuencia, justa y legítima parece la oposición de los vecinos de Sosas de Laciana y de otros pueblos de la provincia, caso de Arnadelo, en la comarca del Bierzo, cuyos ríos se encuentran amenazados por la construcción de minicentrales. Cabría añadir que la opinión pública de León no debería permanecer insensible a este tipo de problemas, pues se encuentra en juego el estado de la naturaleza que disfrutamos y que posteriormente heredarán las generaciones venideras. No obstante, para un diagnóstico global y objetivo de esta cuestión sería preciso considerar el empleo que las inversiones en centrales hidroeléctricas proporcionan a las zonas objeto de instalación.

Sobre este punto, conozco varias minicentrales para poder afirmar que los puestos de trabajo generados por empresas de estas características son mínimos (una o dos personas). No parecen existir, por tanto, ventajas ni atractivos económicos suficientes que permitan compensar el impacto ambiental ocasionado por la realización de este tipo de obras.

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