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José Rubén Pérez González
Miércoles, 26 Octubre 2011

EL OTRO RÍO

Dolor: dícese de la experiencia sensorial o emocional, generalmente desagradable, que experimentan todos los seres vivos que disponen de un sistema nervioso.
Nadie puede explicar qué es. Es una sensación particular tan intensa y expresiva como aquel que la padece.

Un día de tantos me preparo para la salida al río, pero como la mayoría de las veces, no se a ciencia cierta donde pararé. Me gusta denominar turismo fluvial a mi deambular por los cauces en busca de recodos que sacien mi necesidad de calma. Sentir la naturaleza a través de sus cursos de vida, los ríos, el auténtico aparato circulatorio de ese cuerpo.

Y efectivamente aquí estamos con este galimatías enmarañado de aficción, sentimientos, pasión y lucha alrededor de un mismo punto, el río. Si partimos de la premisa que nosotros como pescadores vamos a disfrutar de una afición, debemos recordar que en primer lugar y antes que nosotros, existe toda una cadena trófica alrededor de este nexo de unión acuático que no debemos interpretar como competidora, para así poder disfrutar de una gratificante evasión y lo que es más, formar parte en primera persona de ese microcosmos vivo.

Me refiero principalmente a respetar la fauna autóctona existente, reitero en lo de autóctona que últimamente hay mucha alimaña suelta. Fauna, cuyo ciclo de vida depende directamente del río y que pertenece a todos los órdenes, insectos, anfibios, reptiles, aves, mamíferos,... seres que no son nuestros enemigos y en otros casos como he indicado anteriormente, tampoco nuestros competidores.

Y es que una jornada de pesca va mucho más allá de localizar tramos y pintonas; hay que dejarse llevar y disfrutar de todo ese universo que nos puede ofrecer el ecosistema fluvial y que en las próximas líneas te invito a conocer, pues para muchos puede pasar desapercibido, no para tus ojos, sino para tu cerebro que realmente es el que te enseña lo que quieres ver, no lo que realmente hay.

Seguramente no habrás apreciado muchas de las maravillas que has tenido ante tus ojos, pero te mostraré un truco: cierra los ojos un par de segundos y cuando vuelvas a abrirlos, imagina que estás mirando para un televisor… por si no estás a la última, ahí tienes ante ti, toda una pantalla de última generación, ultrafina, panorámica envolvente, 3D, FullHD, millones de colores, sonido 7.1… y no estás viendo uno de esos documentales paradisíacos de otras latitudes, estás en casa…

Acabo de encender la mía y puedo ver en la pantalla ese tramo idílico, una tablada que comienza con una corrientina que remansa debajo de unas salgueras a la izquierda, con una piedra en el medio que me hace imaginar la tirada perfecta, posando la mosca a su salida, que no me la derive…. zas! Ahí las tengo… Absorto en las tiradas que me esperan, inicio el ascenso, poco a poco, sin levantar ondas y haciendo el menor ruido posible…, que no se enteren que voy hacia ellas… pero mientras me voy acercando, me doy cuenta que no estoy sólo. Baja el volumen… el trinar de un pájaro, el sonido del agua, golondrinas haciendo sus majestuosos rasantes sobre el agua,… y veo que no hay movimiento en la superficie, a pesar de que las eclosiones están en su máximo apogeo y puedo identificar en el aire efémeras y tricos de varios colores. Veamos… hay de todo o sea que esta mosca me servirá, más tarde veré cual es la postura predominante… de momento sin pintonas, es momento de parar y disfrutar un momento del resto de vecinos.

Allí arriba, un mirlo acuático está posado en la piedra, detrás de moscas de la piedra que inician su metamormosis; otra infinidad de aves como lavanderas y golondrinas se entretienen en capturar la multitud de moscas y mosquitos sobre las aguas.

Las moscas y mosquitos se arremolinan a mi alrededor…, una ojeada amplia a todo lo que vuela y parece que tenemos una eclosión de tricos amarillos mayoritariamente…, si no me sube ninguna a esta en este tramo, pruebo, pienso para mí. Al volver la mirada hacia la cabecera de la tablada, paro ante la belleza de la escena. Pasan segundos y segundos sin que pestañee y me digo…. ¿qué narices haces aquí en medio? poco a poco, más despacio, como si fuera a romperse todo como un cristal, me dirijo hacia la orilla. No quiero importunar tanta vida en sus quehaceres diarios, total, el intruso aquí soy yo, o por qué no decirlo, el que sobra.

Anda! allí, arriba en la salguera a 40 escasos metros hay un martín pescador, picapez como nos gusta llamarlo por estos lares, detrás de algún despistado alevín que se le ponga a tiro. Despacio, despacio, me digo, vamos a sentarnos en la orilla, la vegetación nos camuflará... Localizo una roca saliente, que me hará las veces de buen sillón en este cine 3D y procedo a sentarme, pero al apoyarme, siento algo seco en la mano, que instintivamente retiro. Es un excremento de nutria o podría ser de visón europeo, pues no tan estoy ducho en biología, pero por las latitudes donde me encuentro, me decantaría por la primera opción. Los trozos de exoesqueleto y pinzas de cangrejo delatan la procedencia… al instante un pensamiento cruza rauda mi mente, cangrejo…¿hay cangrejos por estos lares? pero si desde la plaga de afanomicosis nunca los he visto…

Involuntariamente dirijo mi mirada hacia el fondo del agua, como si al lado de mis botas fuera a encontrarme con uno, pinzas a la defensiva, pero únicamente muevo los pies y puedo ver la velocidad de unos gusarapines a los que he desplazado de ubicación la piedra que hasta ese momento era su casa. Al lado de ellos el caminar pausado de unos maraballos fabricándose su mansión con todo lo que van atropando por el fondo y les vale. Eso sí que es reciclar... ¿qué concepción tendrán esos "bichos" del mundo…? Esta tablada tiene que ser toda una galaxia para ellos…

Aprovecho para hacer unas fotos aquí y allá y me levanto, pero nuevamente algo se ha movido raudo por el fondo. Como culebrillas excitadas, de piedra en piedra, un par de lampreíllas huyen de mis pies no sea que mi caminar se interponga en su camino y pueda pisarlas. Esos ojos negros que destacan sobremanera, parece mirarte para decirte: ¡mira por donde andas!

Sigo buscando más vida, como me he encontrado en otras jornadas, culebras de agua en superficie, o en el fondo, o hasta luchando con un alevín todavía con vida mientras intenta tragarlo, como he tenido la oportunidad de ver. O mejor aún, un desmán ibérico con su nariz inquieta entre las piedras del fondo por la orilla. Si te quedas quieto y va en tu camino, buscará las ninfas y gusanos de su dieta hasta debajo de tus botas. Y así toda una infinidad de especies que seguramente muchos estemos hartos de verlas, pero muchos otros no han tenido su oportunidad y que en otras ocasiones, el declive poblacional de su especie, las hace día a día más raras de encontrar. Recuerda… ¿cuándo fue la última vez que viste un desmán? ¿una culebra de agua? ¿un sapo? ¿una salamandra? ¿un tritón?

Quizás ahora entiendas mejor porqué me gusta disfrutar de este tipo de momentos. Hay muchos detalles que quizás no vuelva a ver, todos sabemos la cantidad de desalmados que hay y por mucho que nos pese, la humanidad sigue su camino y el progreso ya sabemos que no llama a la puerta, sino que la tira abajo. Con estas palabras vuelve la melancolía a mis pensamientos, recordando la cantidad de momentos que he pasado en otra cantidad de rincones, muchos de ellos en tramos que ya no existen, que he visto morir por medidores, minicentrales, dragados y otras obras en pro de la humanidad. Humanidad.... vocablo erróneamente asociado a rasgos positivos del ser humano como sensibilidad y compasión. En la naturaleza sólo de destroza y se mata para sobrevivir, por ello yo prefiero para mí la denominación de "animalidad", también mal asociada a otras tantas cualidades erróneas. Los lingüistas andan un poco perdidos en semántica y sino, a las pruebas me remito.

La falta de conciencia ciudadana y el incumplimiento de las normas medioambientales por parte de administraciones, empresas y ciudadanía, ha degradado la calidad de casi la totalidad de los ríos, salvándose únicamente tramos en algunas cabeceras, como verdaderos bastiones de este colonialismo en el que se ha convertido el progreso, que yo también denomino muchas veces como ansia. Mientras nos movemos en la rueda que es esta sociedad, somos pocos los que no tomamos los analgésicos sociales que camuflan el dolor de ver morir la naturaleza. Para acallar voces, ya se encarga la administración de repartir antiinflamatorios.

Ver un árbol morir, un trozo de río dragado, escombreras, furtivismo, ... siento el dolor del río y lo hago propio; hace poco vi caer un árbol centenario y se me saltaban las lágrimas de la impotencia. La llamada al Seprona no hizo más que aumentar mi dolor y mi rabia. Son dichos momentos los que hacen avergonzarme de mi condición humana. Es la naturaleza la que grita pidiendo ayuda, naturaleza a la que mal llamamos "madre" porque si realmente lo fuera no permitiríamos tantos abusos, y no sólo en esta parte del cuerpo, si hablamos del resto, como el aparato respiratorio, el diagnostico de gravedad pasaría médicamente a muerte irreversible.

Vamos camino a la eternidad, como cualquier especie significativa que ha poblado este planeta; existencia efímera sí, pero relevante, y en unos cuantos milenios nos estudiarán, intentando llegar a conocer que pasó con nosotros. Científicos y eruditos presentarán mil estudios, tesis y conjeturas sobre nuestra desaparición, sin llegar a pensar lo más simple: nos extinguimos por gilipollas. Quizás esta palabra no denote intelectualidad y pueda expresarse de manera más correcta, como por ejemplo estúpidos, tal y como hacen en el film de pseudociencia-ficción "la era de la estupidez", o conformistas tal y como plantea Al Gore en "una verdad incómoda", aunque no hay palabra en castellano que lo exprese mejor que la nombrada anteriormente y como te enseñan desde pequeño, a las cosas se las llama por su nombre.

Como es de suponer que la evolución es lista, lo tendrán claro: ¿humanos? sí amiga..., los que se extinguieron por gilipollas, se dirán una vaca a otra mientras pacen y comentan un trozo de hormigón y forjado que sobresale entre la hierba.

Cuidemos de esta belleza para poder seguir disfrutando de ella, pues haciendo mías las últimas palabras que decía Roy, uno de los replicantes de Blade Runner, "yo... he visto cosas que vosotros no creeríais... pero todos esos momentos se perderán... en el tiempo... como lágrimas en la lluvia".

Realmente acojona pensar en el futuro.


José Rubén Pérez González
Presidente de la Asociación Pescaleón

Página visualizada el Domingo, 20 de Agosto de 2017 a las 06:10:11
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