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MIRCOLES, 18-AGOSTO-2010

La pesca de la trucha en León, un antes y un después

Artículo publicado en la revista El Maravayu.

León, con más de 3.000 km. de ríos trucheros y un referente en el deporte de la pesca, se encuentra en una notable decadencia en cuanto a la población truchera y conservación de los ríos. Esto, que es general en todo el territorio nacional, se hace más notable en esta provincia por que tiene en la pesca de la trucha uno de sus principales recursos turísticos.

D. Miguel Delibes, que era un gran aficionado a la pesca y defensor de la naturaleza en toda su obra, denunció constantemente el desarrollo insostenible y defendió los valores de la vida rural, recibe el premio Príncipe de Asturias en 1982. Por ese tiempo la administración sostiene que los ríos de León se encuentran en un estado óptimo de conservación, ven abundancia de truchas y escasa contaminación donde los pescadores vemos todo lo contario.

Furtivismo, saprolegnia, trichodinella, afanomicosis, especies alóctonas, repoblaciones descontroladas, contaminación creciente, centrales hidroeléctricas y una pésima gestión de las administraciones marcan, a principios de los 80, un antes y un después en la pesca de la trucha en León.

A finales de los años 60 un turismo en alza hace que la mayoría de las provincias españolas propaguen a los cuatro vientos sus peculiaridades y prestaciones para ser elegidas como destino de ocio y vacaciones. La trucha disfruta de enorme carisma en León y las autoridades lo acaban convirtiendo en un referente social, deportivo, mágico, artístico y gastronómico. En 1966, con el objetivo principal de fomentar el turismo y aprovechar la excepcional riqueza de los ríos, se crea la Semana Internacional de la Trucha de León. Se le da tanta importancia que, en mayo del 69, el pregón de la IV edición corresponde al doctor Félix Rodríguez de la Fuente y es el mismo Ministro de Información y Turismo, señor Fraga Iribarne, el que entrega los premios deportivos y del concurso gastronómico con el ingrediente principal de la trucha común de río. Esto, que es recogido por toda los medios de comunicación del país, sitúa a León en lugar preferido para pescar y degustar unas truchas.

La sabiduría popular aprovecha la trucha como materia prima para ofrecer al visitante una suculenta comida basada en su calidad natural. La trucha se convierte en el plato estrella de la mayoría de los restaurantes. Trucha a la Leonesa, sopa de truchas y truchas escabechadas son las presentaciones más populares. Principalmente a la Leonesa, con su tradicional dicho de las tres efes; frescas, fritas y frías. No hay venta, mesón, restaurante o incluso bar por las riberas de los ríos que no te ofrezcan truchas. En León ciudad casi todos los restaurantes la incluyen en sus cartas. Los ríos se convierten en dispensas inagotables de este exquisito alimento con muchas cualidades gastronómicas y alimenticias. Un furtivismo latente, mesurado, como una simple afición, se convierte de repente, para algunos, en una profesión bien pagada, en una forma de solventar parte de los problemas económicos que por aquel entonces no eran pocos en casi todos los pueblos ribereños. Se pesca de todas las formas posibles y no importa la hora, el día ni el mes, si había demanda las truchas aparecían.
Métodos, todos; La pesca a mano, nasas y trasmallos, lejías y explosivos, tiradera o garrafa, electricidad, sedales durmientes y a caña. El sistema más productivo es la tiradera. La tiradera o garrafa no es más que una red cónica plomeada en toda su circunferencia para que al ser lanzada se abra en el aire y descienda rápido en el agua, al halarla, se cierra atrapando a las truchas. Es el artilugio de pesca más práctico y productivo para pescar en ríos de montaña.

Ríos libres y limpios consiguen aminorar esta gran mengua y parecía que cada vez había más truchas. El I.C.O.N.A., recién creado (1971), no da importancia a la comercialización de la trucha, aunque su precio va en alza. El furtivismo se convierte en una lacra. Los ríos empiezan a sufrir el desgate de una pesca desmesurada y comercial. Esto iba a ser el principio del fin de una época esplendorosa.

La administración se deja influenciar por un progreso industrial desmedido sin remediar el descontrol medioambiental. Los desastres ecológicos siempre les sorprenden y lo que hacen es una huida hacía delante con parches y más parches, intentado subsanar unos males que seguramente con una prevención a tiempo nunca hubiesen existido. La industrialización se olvida del medioambiente y las cosas se hacen de aquella manera. Explotaciones mineras, ganaderas, canteras y fábricas vierten sus residuos industriales de forma incontrolada al río. La mayoría de las aguas residuales de los núcleos de población también van directamente al río, bien por que no tienen depuradoras o están inutilizadas.
Al Pantano de Luna (1956) se van sumando; Barcena (1960), Vegamian (1969), Riaño (1987), más centrales y minicentrales que dividen los ríos en partes incomunicadas, impidiendo la libre y necesaria circulación de los peces. La administración pone pocas trabas a unas hidroeléctricas que presumen de energía limpia mientras el deterioro natural parece no importar a nadie. Las sueltas repentinas de agua, la carencia de escalas y el caudal ecológico tampoco importan a nadie. Estas dichosas centrales producen un gravé impacto ambiental al desforestar, represar y canalizar el lecho del río, son barreras infranqueable para las truchas y con sus repentinas sueltas de agua adulteran el flujo de la corriente, modificando por arrastre el lecho del río. Los Voltios se van fuera de León pero la muerte queda en nuestros ríos. Los €€ acallan la mayoría de las conciencias.
Una administración inoperante no es capaz de tomar medidas y paliar el deterioro constante de los ríos. Hay denuncias pero también caciquismo y los expedientes se acaban archivando. Sigue la explotación de los ríos y las truchas, seguramente por inercia, siguen resistiendo.

En la temporada de 1980 aparecen truchas muertas en las riberas de algunos ríos, tienen unos manchones blanquecinos y deteriorado el tejido cutáneo, el rumor se corre entre los pescadores y llega a la administración, ICONA no hace nada, las riadas se llevan los cadáveres y todo queda olvidado. Pero en febrero de 1981 la Facultad de Veterinaria de la Universidad de León, tras analizar las truchas muertas que de nuevo aparecieron, diagnóstica que la enfermedad que está matando a las truchas es la Saprolegnia, que tiene su origen por una serie de efectos adversos debidos a la baja calidad del agua con indicadores infectos y de contaminación fecal, lo que facilita la creación de bioagresores químicos y microbiológicos. Mueren miles de truchas, la mayoría de los ríos están afectados por la enfermedad, siendo el Esla y sus afluentes Porma, Torio y Bernesga los más atacados. Los cotos se quedan sin truchas y a la administración eso, solo eso, es lo que le importa. Dicen las autoridades competentes, o mejor dicho incompetentes, que esta enfermedad es debida al estiaje como consecuencia de la falta de lluvias. La pertinaz sequía. Así es como resuelven el problema, dando la espalda a una realidad molesta que prefieren ignorar y que tiene nombre y apellidos; contaminación y descuido. Esperan, como siempre, que una gran riada limpie el río y sus conciencias. Ninguna pauta de conservación fue adoptada al respecto, a excepción de la bajada del cupo que pasa a 12 ejemplares por pescador y día.
Los pescadores reclaman medidas y el ICONA promete repoblaciones. Todos contentos. La administración cree que utilizando truchas de piscicultivo en distintas fases de desarrollo va a restablecer la población truchera natural. Las repoblaciones aumentan, los ríos y sobre todo los cotos se pueblan de truchas distintas genéticamente a las autóctonas, también se crean cotos intensivos donde la pesca es más fácil. ICONA cree que está en el buen camino, trucha pescada o muerta se sustituye y listo.
Las piscifactorías existentes carecen de las más simples normas sanitarias y de funcionamiento. La de Palazuelos de Boñar (río Porma), que funciona indebidamente, provoca un foco de infección, apareciendo la Trichodinella, nueva enfermedad, más truchas muertas, es denunciada varias veces pero sigue envenenando el río, se solicita su cierre por distintos medios pero entre recurso y caciquismo sigue funcionando un largo tiempo. En Vegas del Condado, río Porma, se inaugura en 1985 una gran piscifactoría compuesta por 4.700 metros cuadrados de estanques que reproducirán millones de alevines para la repoblación de los ríos leoneses. La gran mayoría de los pescadores ven acertada esta medida y mientras pesquen, aquí paz…y truchas en la cesta. Nadie repara en el impacto ambiental que estas truchas de repoblación, arco-iris y común europea, van a ocasionar en el ecosistema natural al cruzar sus genes con el de truchas de nuestros ríos, aunque la trucha arco-iris no puede hibridarse con las autóctonas provoca importantes alteraciones y la transmisión de enfermedades endémicas de las piscifactorías.

Así las truchas de León se mantienen en gran medida de forma artificial, gracias a las repoblaciones realizadas por el ICONA con el beneplácito de las asociaciones. Estas repoblaciones descontroladas y la precipitación por mantener un deporte como la pesca, generador de importantes beneficios, hizo que los resultados fueran desastrosos.

El cangrejo también arrastra el lastre de la comercialización y desde el año 1975 empieza a descender de una forma alarmante, pero es en el 79 a consecuencia de la "afanomicosis" cuando empieza a desaparecer, desde entonces, la acción del furtivismo sumada a la expansión del cangrejo rojo y señal actúan decisivamente en la continua regresión del cangrejo autóctono, quedando su población reducida a pequeñas poblaciones en aguas aisladas de montaña. Esto origina un gran impacto en los ecosistemas acuáticos puesto que aumenta la eutrofización de las aguas, por que la alimentación del cangrejo es a base de detritos y contribuía a eliminar la materia orgánica de los ríos. Aparte de ayudar a depurar las aguas era un alimento importante para las truchas.

Otro gran infortunio fue la importación de 50.000 huevos embrionados de lucio, por abril de 1949 procedentes de Francia. Con el lucio les lució el pelo, al tratarse de un depredador nato y que se adaptó rápidamente a nuestros ríos. En 1968 empieza a ocupar las zonas de transición y zonas del barbo. En 1980 el lucio ha invadido cotos como el de Sardonedo (Orbigo), Villaroañe y Cabreros (Esla) y Marne (Porma). Temieron que en su subida exterminaran todas las truchas de la cuenca del Esla, orgullo de la pesca en León. Aunque sólo llegaron donde las aguas y el cauce les fueron apropiados la reacción de la administración fue inmediata. Se aterraron pensando que este era el fin de las truchas y posiblemente de su empleo.
Fueron momentos de gran desconcierto, la alarma entre los pescadores les convirtió en blanco de todas las críticas y se culpaban unos a otros. Tiraron por la calle de en medio y decidieron exterminarlos rápidamente, la pesca eléctrica es el sistema elegido. Los persiguen sin piedad, tanto en el Esla como en los afluentes, Orbigo, Tera, Cea, Porma, Tuerto y alguno más. Decrece su expansión pero curiosamente de esas zonas desparecen las truchas, basses y tencas, las bogas ya no suben a desovar como antaño y solo el barbo parece resistir al gran depredador y a los chispazos. Solución, repoblaciones masivas. Peor no se puede hacer.

La administración usa la pesca eléctrica entre otras cosas para estudios y recuentos, muchos pescadores afirman que son descuentos, que trasvasan truchas de un río para otro y que las llevan para piscifactorías e incluso que las comercializan, los ribereños ven cubas y pilas por todas partes… aquí hay mucha leyenda urbana…pero lo cierto es que operan con gran ocultismo y la desconfianza es tan grande que el eco llega hasta hoy en día.

Los años van pasando y cada temporada es mucho peor que la anterior, algo falla con las repoblaciones, la administración está perdida, no sabe por donde tirar. Se realizan estudios que demuestran que estamos ante otro desastre administrativo, se pide el cese inmediato de estas repoblaciones y que se invierta en la recuperación del habita fluvial.

En el año 1991 desaparece un desprestigiado ICONA y son asumidas sus funciones por la el Ministerio de Medio Ambiente. Más de lo mismo. Todas las medidas que se toman van dirigidas contra el pescador ignorando los grandes males de los ríos; repoblaciones, escapes de piscifactorías, especies alóctonas, minicentrales y una contaminación alarmante. Bajan los cupos, prohíben la pesca a cebo en todas las cabeceras de los ríos, los lunes no se pesca, vedan tramos y aumentan los km. de los cotos en detrimento de los espacios libres, donde se concentran la mayoría de los pescadores que en ese momento ya rebasan las 40.000 licencias. La presión pesquera es abrumante. Por fin despiertan y el gobierno autonómico prohíbe la comercialización de la trucha y esta es una de las pocas medidas que dará resultado y que los ríos agradecen. Pero es demasiado tarde, unos ríos masacrados por el furtivismo y la contaminación, mal conservados y mal gestionados llegan a sus niveles más pobres a finales del siglo XX.

En agosto de 2004, se caen de otra burra, Medio Ambiente des-cataloga al cormorán y deja de ser un ave protegida. Aunque los pescadores y colectivos implicados en la conservación de los ríos piensan que es tarde lo agradecen y las truchas más. Pero los cormoranes, de momento, siguen campando a sus anchas por los largos ríos leoneses.
También en este año la confederación Hidrográfica del Duero realiza un programa de mantenimiento y conservación de los cauces en León, con 60 actuaciones y una inversión de seis millones de €. Las obras, dicen, consistirán en desbroces selectivos y pequeños dragados de limpiezas. Un desastre más; meten en el río la retro-escavadora, preparan grandes escolleras, se olvidan del cauce natural y de la vegetación de ribera, solo consiguen que el agua corra más deprisa por canales sin vida acuática. Creo que las acciones de reconstrucción de riberas deben procurar proteger el ecosistema no destruirlo. Se ríen de nuestras protestas porque a ellos las cuentas les cuadran.

No salimos de una…el Círculo Empresarial Leonés, CEL, tiene como uno de sus proyectos más innovadores la industrialización de los ríos a través de una sociedad, que se encargará de acotar importantes tramos de ríos y hacer hoteles. Dicen; "vamos a industrializar el río para fijar población y crear riqueza, que es lo que tenemos que hacer los empresarios". Menos mal que la crisis nos salva de este salvaje proyecto porque sus objetivos son conseguir un beneficio económico en el menor tiempo posible, a ellos poco les importa el efecto perjudicial que sus actuaciones ejerzan sobre el medioambiente. Eso todos lo sabemos.
El año pasado, aparece el moco de roca, un alga de la clase Diatomea que en pocos días infesta un tramo del río Porma. Boñar se convierte en la zona cero y se veda la extensión afectada. Pensamos que las medidas con acertadas. Corren ríos de tinta sobre el tema y a finales de la temporada el alga, por si sola, desaparece completamente. ¿Alarma exagerada?, no sabemos que pensar. Este año de momento no ha dado señales vida. Lo que no nos pase aquí…nos dicen que el transmisor de esta alga invasora es el hombre, bien por las botas, reteles o embarcaciones, como veis la culpa siempre la tienen otros.
Este año, este mismo año 2010, la Cámara de Comercio de León solicita al Gobierno Autonómico que permita la comercialización de la trucha de río leonesa para que se pueda degustar en los restaurantes y bares de la ciudad durante la festividad de Semana Santa. "Lo que no tiene sentido es que tengamos 5000 k. de ríos trucheros que no puedan ser disfrutados al menos durante una semana", argumenta José Recio, presidente de la Cámara y se queda tan pancho. ¿A que es increíble?. Hay que ser cernícalo…disculpar el improperio. A donde vamos con esta tropa, vaya panda de especuladores.

Es en septiembre del 2008 cuando la administración asume una importante remodelación del centro piscícola de Vegas del Condado. La Junta de Castilla y León se basa en estudios hidrobiológicos y de caracterización genética de las truchas de nuestros ríos para conseguir unas directrices de reproducción y conservación de la población de trucha autóctona. Parece ser que repoblaran cada río con su genética original. ¿Cometerán los errores de siempre?... estamos expectantes. Somos muchos los pescadores que estamos en contra de las repoblaciones, las experiencias han sido nefastas y abogamos por la inversión en la recuperación del habita fluvial. Siempre se olvidan de que el río es de todos, se olvidan de su cuidado, del respeto por el medioambiente y de la protección de los ecosistemas acuáticos. La "casita de los peces" es lo importante…sin río no hay nada y nada valdría si tan solo tuviese truchas…a la naturaleza poco le basta pero el hombre no se harta.

Hoy, a pesar de todo, aun se puede en los ríos de León gozar de esta actividad tan sana y natural como es la pesca de la trucha a caña.

Seguiremos luchando por ríos libres, aguas limpias y cuentas claras.

Saludos desde León para todos los lectores de Maravayu.


Rodrigo Prado Núñez (Lachis)
(Vicepresidente de la Asociación Pescaleón)

Página visualizada el Viernes, 17 de Septiembre de 2021 a las 19:21:05
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